“El Perú es un país tan pobre que no puede gastar mal ni un centavo” Macroconsult, Elmer Cuba Por: Patricia Quiroz En conversación con Desdeadentro, el economista de Macroconsult, Elmer Cuba señala que si en el Perú se suma apertura con productividad y se mantiene la estabilidad macroeconómica, nuestra economía puede llegar a crecer en un 7% anual. Agrega que ahora toca luchar contra las exoneraciones y optar por otros instrumentos como los subsidios. “Lo que la economía sugiere es que si quieres ayudar a alguien, mejor es focalizar y hacer el gasto o inversión directamente”, apunta.
Definitivamente, es una de las que tiene mejores perspectivas de dinamismo en los próximos cinco o 10 años en toda América Latina, junto con Chile. Todos los brokers internacionales ven a ambos países como los más dinámicos. No así Argentina, Brasil o México, mucho menos Venezuela. ¿Y eso a qué obedece? Sencillamente a que el Perú tiene una importante apertura comercial que ahora está apoyada por un boom minero. Situación que permitirá más ingresos tributarios, mejorar exponencialmente todas las políticas sociales y generar un clima de estabilidad social y paz. Eso, unido a una fuerza laboral, con salarios no muy altos, que con una adecuada reforma educativa puede elevar sus niveles de productividad. Lo que quiero decir es que si sumamos apertura con una mayor productividad, ya podemos triunfar en la globalización. Lo que unido a un permanente esfuerzo por mantener la estabilidad macroeconómica, evidencia que se cuenta con todos los requisitos para arrancar. Entonces, ¿es posible crecer ese 7% anual que tanto se reclama? Sí, definitivamente. Lo bueno del mensaje de Alan García es que no ha espantado a nadie. Eso es importante, porque el Perú viene viviendo en los últimos 10 trimestres, aproximadamente, un ciclo expansivo de la inversión privada importante, crecimiento que no se veía desde 1997. Si logramos mantener este clima de inversión, el dinamismo va a seguir. Eso es bueno porque se crearán más puestos de trabajo y se incrementarán los ingresos tributarios, ambos elementos siempre suman a favor del bienestar de la población. Ante este panorama, ¿cuán importante termina siendo la puesta en marcha del TLC con Estados Unidos? Es necesaria su puesta en vigencia. No veo mucho problema por ese lado. Sin embargo, hay muchas críticas y temores al respecto… El problema principal en el caso de las pymes, es su bajo nivel de productividad, no tanto su formalidad o no. Mire, si la próxima semana aparecen todas las pymes formales, pagando impuestos y cumpliendo con la Ley General del Trabajo plenamente, no podrían seguir viviendo, porque su situación actual no les permite cumplir las leyes actuales. ¿Y por qué es así? Simplemente porque la productividad es muy baja, pero muy heterogénea en términos de los hogares y de las empresas. Se requiere un régimen intermedio por muchos años más, hasta que igualemos las productividades. ¿Cómo hacer para igualarlas? Ese es un proceso largo, que tiene que ver con capacitación. La educación, la apertura a la inversión extranjera y nuevos mercados son elementos centrales para lograrlo. Elevando la productividad las pymes van a poder engancharse al sector externo. El temor es que desaparezcan frente a la apertura... Tienen que adecuarse a las nuevas exigencias del mundo globalizado y triunfar, como lo está haciendo China. Es un reto, pero no podemos dejar de tomarlo. Véalo de esta manera: para crecer no tenemos otra opción. Entonces, ¿qué hacer? Hay varias alternativas, por ejemplo, contar con un gran comprador que las ordene para poder exportar volúmenes homogéneos, quizás cada una por separado no tiene la capacidad ni el know-how internacional, pero creándose un nivel intermedio, como viene haciéndose hoy, en muchos temas exportables, las cosas se puedan mejorar. ¿Cómo ve el tema de la contribución económica voluntaria de los distintos sectores económicos del país? La idea no es sólo el gesto, sino que estos ingresos se gasten de manera inteligente, porque muchas veces se hacen fondos paquidérmicos o politizados y se gastan en cosas que son superfluas, con la mejor intención del mundo. No digo que sean mal intencionados, de repente tienen buenas intenciones pero se gasta mal. Hay que aprender de las experiencias exitosas. ¿Como cuál? En el Perú hay un fondo, que se llama Fondoempleo, que justamente tiene un expertise de más de 10 años. Concursa los fondos de los que disponen, y aquellos proyectos que tienen más rentabilidad social, más sostenibles o impactan en los más pobres son los que ganan y reciben los recursos. Luego son evaluados por terceros de manera seria y técnica. Ya hay un know-how de primera línea que se pudiera aprovechar. No inventemos un nuevo fondo, aprovechemos las mejores prácticas que hay en el Perú. ¿Y el canon? En ese tema, creo que el Sistema Nacional de Inversión Privada (SNIP) ha pecado un poco por no ser proactivo. Además, en la norma que lo regula se debió incluir que un porcentaje mínimo de esos fondos sean gastados en estudios. Es cierto, los gobiernos locales y regionales tienen dinero, pero también tienen gente muy precaria que hace mal los estudios, entonces casi nunca pueden pasar por el filtro del SNIP.
Soy un defensor acérrimo del SNIP. Si no existiera, habría que inventarlo. El Perú no puede dejar de contar con un sistema que evalúe los proyectos. Tenerlo no significa decir “no” a todo. Hay que ser proactivo. Como ya comenté, un porcentaje de esos fondos podría ser usado para contratar expertos que asesoren para hacer buenos proyectos de impacto social. Otra alternativa es que el mismo Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) contrate gente que trabaje descentralizadamente, en lugar de estar esperando a decir “no” a todos. Que sean pagados y respondan al MEF y no al alcalde, ya que de lo contrario sería un gran error, pues se precarizaría la situación de los profesionales. ¿Entonces? Si un alcalde hace una mala obra, no es sólo su problema sino de todos los peruanos, porque estamos dejando de recaudar esos fondos. El Perú es un país tan pobre que no puede gastar mal ni un centavo. Entonces, no se puede dejar a un gobierno local o regional precario que apruebe sus proyectos por su cuenta y riesgo, sabiendo que no tiene las capacidades. Hay que dárselas. De todas maneras debe haber una forma de fiscalización... No lo veo como una fiscalización, sino como una ayuda para elegir buenos proyectos, y después de un tiempo –dos o tres años– se evalúa el proyecto y así se genera cultura para no cometer los errores del pasado y no sobredimensionar las obras. ¿Y cómo afecta el constante incremento del petróleo a nivel internacional? El Perú, en los últimos cinco años, se ha venido reduciendo el Impuesto Selectivo al Consumo, justamente para que el choque del alza del petróleo no afecte. Con esta medida, el Estado ha dejado de recaudar mucho. Antes, este impuesto a la gasolina estaba en el orden del 100% ahora está en un 50%. En el caso del diésel, ahora es 25%, mientras que hace cinco años era 50%. En el caso del GLP, hoy no paga selectivo. Pero no parece suficiente... Hay un esfuerzo fiscal, prueba de ello es que la inflación no se ha movido, incluso con el shock del aumento en el precio petrolero. La pregunta es si ese mecanismo es eficiente o no, en términos de distribución del ingreso. Quizás hubiera preferido gastos directos en la población más pobre. Aquí hay que andar con cuidado, porque supongamos que se destine el fondo sólo para el diésel, que utiliza la mayoría de las unidades públicas, aparecería un segundo problema: el diésel es más contaminante y además el Perú es importador. Si queremos cambiar la matriz energética peruana durante los próximos 20 años hacia el gas natural, hay que ver cómo señales de corto plazo pueden perjudicar metas de largo plazo, como es por ejemplo la de cambiar la matriz energética. Se debe hacer un estudio a profundidad. No se pueden tomar decisiones apresuradas... Nada se puede hacer a la ligera. Por ejemplo, ahí está el tema de la reducción de sueldos. Está bien bajarlos, pero si esto se traslada a la elite burocrática pública (tecnocracia), no sólo ella sino el Estado mismo van a ser muy golpeados. Van a desincentivar la llegada de cuadros competitivos en el mercado laboral, y desincentivarán a aquellos que están en la carrera pública y que se preocupan por estar permanentemente capacitándose con la intención de llegar a los cargos más altos. Van a hacer un poco de números y se darán cuenta de que aun ascendiendo a los cargos más altos de la administración pública, en el sector privado ganarían el triple. Entonces, prefieren irse desde chicos. Hay una autoselección adversa. ¿No está de acuerdo con la reducción de sueldos? Estoy de acuerdo con que se bajen, pero con cautela con los funcionarios de elite. No todos los burócratas “calientan” el asiento esperando que sean las 5 de la tarde para irse a su casa. Es una imagen que no es así. Hay gente muy valiosa que sostiene al Estado peruano. Y hablando del Estado, ¿qué queda por hacer en materia tributaria? Bueno, los impuestos ya están suficientemente ordenados. Ahora lo que queda es luchar contra las exoneraciones. Esa es la siguiente medida importante. Hay más de 100 exoneraciones. La mayoría sin sentido económico. Ahí tenemos las exoneraciones a los combustibles en la selva. Y tienes grifos en Madre de Dios que venden mucho más que los grifos más grandes de Lima. Ahí hay evidentemente una gran distorsión y contrabando. Entonces, ¿qué hacer? Hay que empezar a desmontarlas poco a poco. Tampoco se trata de cambiar de un día para otro. Hay gente que está acostumbrada a ese sistema. En realidad, estamos frente a una discriminación, pues es un mecanismo que hace distingo entre quienes pagan y no pagan en una misma actividad, ya sea por razón de zona geográfica, actividad económica o, la gran novedad ahora, por altitud. Entonces, ¿no es muy feliz la idea de exonerar a las actividades que se ubiquen a más de 3,200 metros sobre el nivel del mar? A diferencia de lo que muchos creen, gran parte del altiplano está ubicada por encima de los 3,200 metros. La ciudad de Juliaca está a 3,400. Lo que la economía sugiere es que si quieres ayudar a alguien, mejor es focalizar en ese alguien y hacer el gasto o inversión directamente y no con una exoneración, pues se filtra mucha gente. Hay gente que no debería estar exonerada, pero termina beneficiándose. La exoneración no es un buen instrumento para ayudar, pues es de muy amplio espectro; muy potente. No discrimina entre quienes realmente necesitan el apoyo y aquellos que no. Mejor es usar otro instrumento. La exoneración también trae consigo la elusión. Un ejemplo es lo que va a ocurrir con los pasajes a Iquitos. La idea es abaratar el pasaje a un connacional promedio de esa zona, darle una alternativa económica, es como poner una carretera. Eso es estupendo. Si quieres hacer eso, entonces, que el Estado pague por cada pasajero nacional entre US$40 o US$50 a la empresa de transporte. Ahí realmente abaratas el transporte y construyes el puente entre Lima e Iquitos. Sin embargo, tal y como se hace ahora, exonerando el IGV, por ejemplo beneficias a los turistas extranjeros que de todas maneras han decidido viajar a Iquitos. Ningún extranjero que viene de paseo piensa ir a Iquitos porque se va a ahorrar el IGV en ese pasaje. En realidad, es un gasto minúsculo, si ellos piensan gastar US$10 mil, no están pensando en ahorrarse 20, lo que sí puede ser importante para un peruano. Ahora, si de cada 10 pasajeros a Iquitos, uno o dos son extranjeros, ellos se van a beneficiar con la norma. Lo que quiero decir es que un subsidio focalizado es mejor que una exoneración. |