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Un año difícil
por venir
Cada fin de año trae consigo la necesidad de evaluar lo
realizado y una proyección para los siguientes 12 meses. Y lo
cierto es que para el Perú, el 2005 significa la llegada de un
año preelectoral y el arribo de un clima de expectativas.
Todos los peruanos queremos que el Perú avance y por eso hemos
venido trabajando con coraje a pesar de las piedras que se han puesto
en el camino. Lamentablemente, en nuestro país se está
dejando de lado el respeto a leyes y a los derechos ciudadanos para
dar paso a la cultura del caos y la violencia. Esto pone en peligro
la ansiada reactivación económica.
En los últimos meses se ha venido denunciando una campaña
sistemática destinada a atacar a la inversión privada.
Grupos radicales que actúan bajo el amparo de algunas ONG y de
movimientos políticos de ultraizquierda, seudodefensores del
medio ambiente y de los derechos sociales, son los promotores de la
escalada de violencia.
El bloqueo de carreteras, agresiones físicas a pobladores y policías,
así como ataques a la propiedad privada se ha convertido, de
un tiempo a esta parte, en el pan de cada día. Urge que el gobierno
central, el Congreso de la República, las autoridades regionales
y municipales asuman el deber de restablecer el principio de autoridad
y retomen el liderazgo para evitar que en el Perú se quiebre
el sistema democrático y económico que hoy nos rige.
Entre los compromisos para el próximo año, los peruanos
debemos sumar esfuerzos para defender el Estado de Derecho y las oportunidades
de desarrollo que hemos construido. Con mucho esfuerzo el Perú
logró reinsertarse en la comunidad internacional como una nación
viable después de vivir décadas de postración y
violencia, a la que tenemos que cerrarle el paso para que no se vuelva
a repetir las nefastas experiencias del pasado. No echemos lo logrado
por la borda.
Es fundamental para el desarrollo de nuestro país que el Estado
cubra los vacíos que ha dejado en varias zonas del territorio
nacional, lo que provocado que un sector de la población tome
la justicia en sus propias manos. Esta ausencia y falta de autoridad
no sólo perjudica a la actividad mineroenergética, al
propiciar el caos, el desorden y la ingobernabilidad, sino a toda la
actividad productiva del país. Dejar que estos vacíos
sean cubiertos por organizaciones de dudoso origen y desconocida agenda
es una irresponsabilidad del Estado, y los peruanos no lo debemos permitir.
Hagamos votos para que el próximo año, a pesar de la coyuntura
preelectoral, el crecimiento de nuestra economía no se detenga
y, por el contrario, se afiance en el tiempo. Los peruanos no podemos
darnos el lujo de dejar pasar el tren del desarrollo que es conducido
por la inversión privada.
Sumemos esfuerzos por el desarrollo de nuestro país, que se llama
Perú.
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