|
|
IN MEMORIAM
Carlos Mariotti:
"Las grandes obras las sueñan los
santos locos y las realizan los
luchadores natos"
Para quienes están vinculados al sector
eléctrico, el nombre de Carlos Mariotti no es extraño,
por el contrario es sinónimo de progreso y modernidad. Él
es uno de los tres ingenieros, junto a Juan Carosio y Pablo Bonner,
que hicieron posible uno de los más ambiciosos proyectos eléctricos
de Lima: el túnel trasandino de 10 kilómetros de largo
que hasta hoy trae aguas de la vertiente del Atlántico hasta
la costa limeña.
Carlos
Mariotti fue el máximo funcionario de las Empresas Eléctricas
Asociadas entre 1956 a 1974, y quien concluyó el gran proyecto
hidroenergético concebido por su colega Pablo Bonner, pero no
fue lo único que hizo.
Nacido en Suiza en 1902, llegó al Perú en 1953, con un
contrato de cuatro años como asesor de la antigua empresa
Lima Light & Power Company pero al final se quedó afincado
en estas tierras por 40 años, sólo problemas de salud
lo alejaron de este su segundo hogar.
A pesar de no ser peruano de nacimiento, Don Carlos sí lo fue
de corazón, así era un defensor incansable de la necesidad
de preparar a las nuevas generaciones en las áreas educativas
superiores y empresariales. Esta preocupación lo llevó
a ser uno de los fundadores de la Universidad del Pacífico y
de la Escuela de Administración de Negocios para Graduados (Esan).
No sólo se limitó a la modernización técnica
del sector eléctrico, su reconocimiento profesional hizo posible
que cumpla exitosas gestiones ante la banca internacional para el financiamiento
de modernos proyectos eléctricos en nuestro país. Su excelente
relación con todos los sectores dejó en claro que era
una persona que miraba en distintos horizontes, siempre atento a las
oportunidades para no dejarlas pasar.
Así, supo transmitir el entusiasmo por modernizar el sector eléctrico
peruano. Gracias a su empuje, los más jóvenes tuvieron
la oportunidad de ver el futuro de esta actividad económica con
mayor claridad y gran expectativa. Quienes trabajaron con él,
no pueden dejar de recordar el dinamismo de este singular ejecutivo
que lo llevó no sólo a construir centrales, líneas
de transmisión y centros de transformación, sino también
oficinas zonales, escuelas de formación técnica e institutos
empresariales, entre otros. Fue un hombre que se comprometió
con los intereses del Perú, abanderando propuestas y participando
de la vida nacional. Eso no significó, de modo alguno que cuando
fuera el momento de alzar la voz no lo hiciera, por el contrario, cuando
las cosas debía decirse en tono fuerte y contundente para ponerlas
en su sitio, lo hacia sin duda alguna.
Esta combinación de talentos sirvió de mucho para que
Empresas Eléctricas ampliara todo sus actividades y que cuando
fuera expropiada en la década de los 70 su estructura se mantuviera
casi intacta. Sin embargo, en 1973 decidió renunciar a su cargo
como gesto de protesta por la forma en que el gobierno militar tomó
la empresa.
Pocos saben que durante muchos años, en su escritorio, debajo
del vidrio que lo cubría atesoraba, una de las ideas que marcó
toda su vida y que nos debe llevar a la reflexión. Si volviéramos
el tiempo atrás y tuviéramos la oportunidad de reencontrarnos
con él en esa oficina, una mirada despreocupada, probablemente
sólo vería lo que el tiempo convirtió en un papel
descolorido y sin vida pero, la frase que contenía lo mostraba
de cuerpo entero: "Las grandes obras de las instituciones las sueñan
los santos locos y las realizan los luchadores natos. Las gozan los
felices cuerdos y las critican los inútiles crónicos.
Seamos santos locos y luchadores natos, no importa quiénes sean
unos u otros, pero es tarea de ambos el gran reto de desarrollar nuestro
país".
Mariotti no sólo fue un pionero en la modernización del
sector eléctrico nacional. A la par que buscaba donde desarrollar
obras de electrificación, iniciaba una serie de gestiones de
involucramiento con las comunidades en las zonas donde se iban a realizar
las obras. La idea era contribuir con su desarrollo. Así, casi
todas las iglesias, colegios y postas médicas de la zona ubicada
en Santa Eulalía -cerca de la central hidroeléctrica de
Huinco- fueron construidos por la empresa a su cargo; como un aporte
al desarrollo de la comunidad. No fue lo único.
Cuando se cubrió las necesidades básicas de las comunidades,
Mariotti fue más allá Así, por ejemplo propició
la constitución de una fundación, respaldada por el gobierno
suizo, para favorecer a los pueblos con apoyo técnico. Así,
a través de esta fundación logró traer técnicos
de la industria de quesos en Suiza y paralelamente se contrato a profesionales
peruanos para mejorar la crianza del ganado y los pastos. Pocos saben
que este fue el inicio del ya famoso "queso andino". Y es
que los técnicos extranjeros empezaron a enseñar a los
campesinos las técnicas de la elaboración de los quesos,
a partir de la leche fresca. Hasta ese momento, en el país sólo
se conocía como peruano al queso fresco.
El queso andino fue el resultado de un proceso de degustación
de la población pues, inicialmente los técnicos empezaron
a hacer un producto de olor tan fuerte que hacia correr a quienes lo
tenían enfrente.
Don Carlos ordenó que se hicieran las pruebas que fueran necesarias
hasta lograr un producto que tuviera la aceptación del paladar
peruano. Así surge el queso andino, a partir del cual se crean
otros derivados como el dambo, que hasta el día de hoy son consumidos
por los peruanos.
Como el producto era nuevo y había que abrirle un mercado, Mariotti
no vio mejor alternativa que propiciar que los propios trabajadores
de las empresas eléctricas lo compraran. Los comuneros formaron
cooperativas de trabajo y desde 1968 era normal que cada fin de mes
los moldes de quesos andino invadieran las oficinas de la empresa. Así
los trabajadores llevaban un producto de calidad a sus casas y las comunidades
recibían un pago por el trabajo realizado.
Probablemente, el cariño por estas tierras y su convencimiento
de que con esfuerzo el Perú puede salir adelante es que le dio
las fuerzas para realizar una incansable tarea por el progreso del Perú.
Así, fue cofundador y presidente del Instituto Peruano de Administración
de Empresas (IPAE), fundador de la Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE)
y representó a toda América Latina en el Comité
del Consejo Internacional para Administración Científica.
Don Carlos falleció el 29 de mayo del 2003 en la localidad de
Locarno (Suiza) y siempre, aún a la distancia, mantuvo contacto
con el Perú. Recientemente recibió un homenaje póstumo
en las instalaciones de la Hidroeléctrica de Huinco. A la entrada
yace hoy un busto recordando al visionario que hizo posible la modernización
del sector eléctrico peruano.
|
|