Revista Desde Adentro

Edición Num 16
Diciembre 2004

Volver al îndice

IN MEMORIAM
Carlos Mariotti:
"Las grandes obras las sueñan los
santos locos y las realizan los
luchadores natos"

Para quienes están vinculados al sector eléctrico, el nombre de Carlos Mariotti no es extraño, por el contrario es sinónimo de progreso y modernidad. Él es uno de los tres ingenieros, junto a Juan Carosio y Pablo Bonner, que hicieron posible uno de los más ambiciosos proyectos eléctricos de Lima: el túnel trasandino de 10 kilómetros de largo que hasta hoy trae aguas de la vertiente del Atlántico hasta la costa limeña.

Carlos Mariotti fue el máximo funcionario de las Empresas Eléctricas Asociadas entre 1956 a 1974, y quien concluyó el gran proyecto hidroenergético concebido por su colega Pablo Bonner, pero no fue lo único que hizo.

Nacido en Suiza en 1902, llegó al Perú en 1953, con un contrato de cuatro años como asesor de la antigua empresa
Lima Light & Power Company pero al final se quedó afincado
en estas tierras por 40 años, sólo problemas de salud lo alejaron de este su segundo hogar.

A pesar de no ser peruano de nacimiento, Don Carlos sí lo fue de corazón, así era un defensor incansable de la necesidad de preparar a las nuevas generaciones en las áreas educativas superiores y empresariales. Esta preocupación lo llevó a ser uno de los fundadores de la Universidad del Pacífico y de la Escuela de Administración de Negocios para Graduados (Esan).

No sólo se limitó a la modernización técnica del sector eléctrico, su reconocimiento profesional hizo posible que cumpla exitosas gestiones ante la banca internacional para el financiamiento de modernos proyectos eléctricos en nuestro país. Su excelente relación con todos los sectores dejó en claro que era una persona que miraba en distintos horizontes, siempre atento a las oportunidades para no dejarlas pasar.

Así, supo transmitir el entusiasmo por modernizar el sector eléctrico peruano. Gracias a su empuje, los más jóvenes tuvieron la oportunidad de ver el futuro de esta actividad económica con mayor claridad y gran expectativa. Quienes trabajaron con él, no pueden dejar de recordar el dinamismo de este singular ejecutivo que lo llevó no sólo a construir centrales, líneas de transmisión y centros de transformación, sino también oficinas zonales, escuelas de formación técnica e institutos empresariales, entre otros. Fue un hombre que se comprometió con los intereses del Perú, abanderando propuestas y participando de la vida nacional. Eso no significó, de modo alguno que cuando fuera el momento de alzar la voz no lo hiciera, por el contrario, cuando las cosas debía decirse en tono fuerte y contundente para ponerlas en su sitio, lo hacia sin duda alguna.

Esta combinación de talentos sirvió de mucho para que Empresas Eléctricas ampliara todo sus actividades y que cuando fuera expropiada en la década de los 70 su estructura se mantuviera casi intacta. Sin embargo, en 1973 decidió renunciar a su cargo como gesto de protesta por la forma en que el gobierno militar tomó la empresa.

Pocos saben que durante muchos años, en su escritorio, debajo del vidrio que lo cubría atesoraba, una de las ideas que marcó toda su vida y que nos debe llevar a la reflexión. Si volviéramos el tiempo atrás y tuviéramos la oportunidad de reencontrarnos con él en esa oficina, una mirada despreocupada, probablemente sólo vería lo que el tiempo convirtió en un papel descolorido y sin vida pero, la frase que contenía lo mostraba de cuerpo entero: "Las grandes obras de las instituciones las sueñan los santos locos y las realizan los luchadores natos. Las gozan los felices cuerdos y las critican los inútiles crónicos. Seamos santos locos y luchadores natos, no importa quiénes sean unos u otros, pero es tarea de ambos el gran reto de desarrollar nuestro país".

Mariotti no sólo fue un pionero en la modernización del sector eléctrico nacional. A la par que buscaba donde desarrollar obras de electrificación, iniciaba una serie de gestiones de involucramiento con las comunidades en las zonas donde se iban a realizar las obras. La idea era contribuir con su desarrollo. Así, casi todas las iglesias, colegios y postas médicas de la zona ubicada en Santa Eulalía -cerca de la central hidroeléctrica de Huinco- fueron construidos por la empresa a su cargo; como un aporte al desarrollo de la comunidad. No fue lo único.

Cuando se cubrió las necesidades básicas de las comunidades, Mariotti fue más allá Así, por ejemplo propició la constitución de una fundación, respaldada por el gobierno suizo, para favorecer a los pueblos con apoyo técnico. Así, a través de esta fundación logró traer técnicos de la industria de quesos en Suiza y paralelamente se contrato a profesionales peruanos para mejorar la crianza del ganado y los pastos. Pocos saben que este fue el inicio del ya famoso "queso andino". Y es que los técnicos extranjeros empezaron a enseñar a los campesinos las técnicas de la elaboración de los quesos, a partir de la leche fresca. Hasta ese momento, en el país sólo se conocía como peruano al queso fresco.

El queso andino fue el resultado de un proceso de degustación de la población pues, inicialmente los técnicos empezaron a hacer un producto de olor tan fuerte que hacia correr a quienes lo tenían enfrente.

Don Carlos ordenó que se hicieran las pruebas que fueran necesarias hasta lograr un producto que tuviera la aceptación del paladar peruano. Así surge el queso andino, a partir del cual se crean otros derivados como el dambo, que hasta el día de hoy son consumidos por los peruanos.

Como el producto era nuevo y había que abrirle un mercado, Mariotti no vio mejor alternativa que propiciar que los propios trabajadores de las empresas eléctricas lo compraran. Los comuneros formaron cooperativas de trabajo y desde 1968 era normal que cada fin de mes los moldes de quesos andino invadieran las oficinas de la empresa. Así los trabajadores llevaban un producto de calidad a sus casas y las comunidades recibían un pago por el trabajo realizado.

Probablemente, el cariño por estas tierras y su convencimiento de que con esfuerzo el Perú puede salir adelante es que le dio las fuerzas para realizar una incansable tarea por el progreso del Perú. Así, fue cofundador y presidente del Instituto Peruano de Administración de Empresas (IPAE), fundador de la Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE) y representó a toda América Latina en el Comité del Consejo Internacional para Administración Científica.

Don Carlos falleció el 29 de mayo del 2003 en la localidad de Locarno (Suiza) y siempre, aún a la distancia, mantuvo contacto con el Perú. Recientemente recibió un homenaje póstumo en las instalaciones de la Hidroeléctrica de Huinco. A la entrada yace hoy un busto recordando al visionario que hizo posible la modernización del sector eléctrico peruano.