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PANORAMA MINERO
RESPONSABILIDAD SOCIAL EN
MINERÍA: TAREA DE TODOS
Gustavo Quiquia
Consultor
Aquel "Te Amo Perú" estampado en una fría
camiseta y exhibido con emoción en el fragor de un encuentro
futbolístico por las eliminatorias del mundial es sólo
un fugaz chispazo de alegría, abandonado por la motivación
autodestructiva, la viveza y la carencia, parcial o nula, de una visión
colectiva de progreso y bienestar que se está observando en nuestro
país. Así, el amor a la camiseta, dejado en la cancha
-con alma, corazón y vida como diría una canción-
es solamente un
enunciado gaseoso que se disipa, como en el fútbol y en la vida
misma, en una atmósfera pesada y
turbia llena de contradicciones y absurdos.
Desde hace más de 10 años la minería peruana desarrolla
con éxito sus operaciones. La integración de distintas
culturas -extranjeras y nacionales-, de trabajo, gestión organizacional,
seguridad industrial, responsabilidad social, programas de gestión
del medio ambiente, entre otras, han hecho posible su posicionamiento
como una de las más importantes en el mundo.
Nuestra
minería se caracteriza no sólo por la capacidad productiva
o por la calidad de sus productos, sino por el profesionalismo y creatividad
desplegados por los talentos humanos que conforman su gran familia logrando
-con esfuerzo y sacrificio- operaciones de clase mundial. Es decir,
una minería
modelo por los altos estándares de calidad en sus procesos productivos
y su compromiso social y ambiental, a través de programas y proyectos
de inversión con enfoque promocional, participativo y autogestionario,
y que se distancia de todo paternalismo y asistencialismo, de negativos
resultados en estas últimas décadas, y con el desarrollo
sostenible de las comunidades colindantes a los centros mineros. Los
que trabajamos en minería, directa e indirectamente, conocemos
de cerca los retos y desafíos para sacar adelante un proyecto
empresarial que beneficie a todos. El levantarse a las 5 de la mañana
con un frío que golpea el rostro con sus cero grados centígrados,
mantenerse despierto y concentrado durante largas horas, en madrugadas
que parecen interminables, acompañados únicamente de la
granizada, la lluvia y la frenética música de rayos y
relámpagos son sólo parte del trabajo. A más de
4,000 metros de altura se suda la camiseta de verdad. Con el amanecer
sale el sol, y con él se puede apreciar los majestuosos y bellos
paisajes (altas cumbres y nevados que rodean los centros mineros, cielos
infinitos y sus mil y un tradiciones de una cultura viva que se resiste
al tiempo).
La filosofía de la responsabilidad social minera se ha convertido
en estos últimos años -no por pose
o moda- en un instrumento estratégico que articula la capacidad
instalada de la empresa, en términos económicos y productivos,
al servicio del desarrollo sostenible de las regiones. Ese papel asumido
voluntariamente constituye un paso trascendental hacia el desarrollo
social y económico del país, el cual debería involucrar
a otros actores sociales protagónicos -gobiernos central, regionales
y locales, ministerios, ONG, Iglesia, medios de comunicación,
universidades y organizaciones de la sociedad civil- en el fortalecimiento
de una visión colectiva de desarrollo social y económico.
Son necesarios socios estratégicos que posibiliten la elaboración
de una agenda común de trabajo, que genere progreso y bienestar
social, liderados por el Estado como un agente promotor y facilitador;
en donde los ganadores sean el país y sus poblaciones más
vulnerables.
Frente a este posible escenario de concertación y trabajo: ¿Existe
un efectivo liderazgo encabezado
por el Estado? ¿Tiene éste la capacidad ejecutiva para
generar procesos de desarrollo regional y nacional? Desafortunadamente
la respuesta es ... No.
¿Es la empresa privada, en este caso la minería, la culpable
de esta realidad triste y desalentadora
que atraviesan miles de compatriotas desempleados, mal nutridos, enfermos,
sin oportunidades de una educación de calidad y con la desesperanza,
como único refugio emocional presto a activar -en
ellos- mecanismos que desencadenen una explosión social de violencia
y caos? La respuesta es también negativa.
Los hechos recientes en Cajamarca por el rechazo de la población
a los proyectos exploratorios en el cerro Quilish -se teme que afecte
y contaminen las reservas de agua- ponen en evidencia un problema de
fondo: la ineficacia del gobierno y los políticos, quienes sólo
piensan en sus intereses y aunque suene duro, con una consigna que no
parece ser otra que: "Primero mi bolsillo, luego mi
país". Este contexto social y político pone en peligro
el desarrollo social y económico del país y la viabilidad
de futuros proyectos mineros que signifiquen crecimiento y progreso,
como son los casos de Alto Chicama (La Libertad) y Las Bambas (Apurímac).
Son S/.226 millones que el Estado recibe de la minería y que
desperdicia al año. Un costo muy grande que muestra la pésima
administración y gestión de los programas sociales a nivel
nacional. Quienes elaboran las partidas del Presupuesto
General de la República, destinadas al gasto social, no han aprendido
la lección dejada por los
gobiernos anteriores, ni por el actual en los periodos del 2003 ó
2002.
¿Adónde va ese dinero destinado a los más pobres
del país? ¿A quiénes beneficia? La respuesta es
sencilla: a todos los burócratas asalariados, de Lima y provincias,
quienes -en teoría- debieran trabajar por todos los peruanos.
Contradictorio, sin lugar a dudas. Estos pasivos sociales, como la total
o parcial desatención de las poblaciones en situación
de pobreza y pobreza, influirán decisivamente -en un futuro cercano-
en el crecimiento y desarrollo de las próximas operaciones mineras,
así como la llegada de nueva inversión. Lo que generará
un escenario social y político inestable creando una situación
conflictiva que será aprovechada por algunas inescrupulosas ONG
y activistas políticos -futuros congresistas, alcaldes y un interminable
etcétera- con motivaciones claramente económicas. Sí
pues, la pobreza y sus miserias es un gran negocio para muchos, y cuanto
más se propaguen y prolonguen los conflictos entre la minería
y las comunidades, más sustentable será el negocio.
Así, no es necesario hacer un gol y mostrar un polo estampado
que nos grite "Te Amo Perú". Podemos hacer goles de
distintas maneras. Todos los peruanos debemos sentirnos parte del equipo,
trabajar en él y mirar objetivos comunes que nos lleven a alcanzar
resultados que hagan realidad nuestros sueños: con uno mismo,
la familia, la empresa y nuestro país. Cuando hay unidad, compromiso
y confianza no existen adversarios ni adversidades difíciles
de superar, pues, por más pintado que esté el rival -como
Boca Juniors y Cienciano, campeón de la Recopa Sudamericana,
por ejemplo- sólo necesitamos reglas justas y la firme voluntad
de ganar.
El partido recién empieza, con sus carretillas, patadas y empujones.
Así es el juego.
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