Revista Desde Adentro

Edición Num 15
Noviembre 2004

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PANORAMA MINERO

RESPONSABILIDAD SOCIAL EN
MINERÍA: TAREA DE TODOS
Gustavo Quiquia
Consultor

Aquel "Te Amo Perú" estampado en una fría camiseta y exhibido con emoción en el fragor de un encuentro futbolístico por las eliminatorias del mundial es sólo un fugaz chispazo de alegría, abandonado por la motivación autodestructiva, la viveza y la carencia, parcial o nula, de una visión colectiva de progreso y bienestar que se está observando en nuestro país. Así, el amor a la camiseta, dejado en la cancha -con alma, corazón y vida como diría una canción- es solamente un
enunciado gaseoso que se disipa, como en el fútbol y en la vida misma, en una atmósfera pesada y
turbia llena de contradicciones y absurdos.

Desde hace más de 10 años la minería peruana desarrolla con éxito sus operaciones. La integración de distintas culturas -extranjeras y nacionales-, de trabajo, gestión organizacional, seguridad industrial, responsabilidad social, programas de gestión del medio ambiente, entre otras, han hecho posible su posicionamiento como una de las más importantes en el mundo.

Nuestra minería se caracteriza no sólo por la capacidad productiva o por la calidad de sus productos, sino por el profesionalismo y creatividad desplegados por los talentos humanos que conforman su gran familia logrando -con esfuerzo y sacrificio- operaciones de clase mundial. Es decir, una minería
modelo por los altos estándares de calidad en sus procesos productivos y su compromiso social y ambiental, a través de programas y proyectos de inversión con enfoque promocional, participativo y autogestionario, y que se distancia de todo paternalismo y asistencialismo, de negativos resultados en estas últimas décadas, y con el desarrollo sostenible de las comunidades colindantes a los centros mineros. Los que trabajamos en minería, directa e indirectamente, conocemos de cerca los retos y desafíos para sacar adelante un proyecto empresarial que beneficie a todos. El levantarse a las 5 de la mañana con un frío que golpea el rostro con sus cero grados centígrados, mantenerse despierto y concentrado durante largas horas, en madrugadas que parecen interminables, acompañados únicamente de la granizada, la lluvia y la frenética música de rayos y relámpagos son sólo parte del trabajo. A más de 4,000 metros de altura se suda la camiseta de verdad. Con el amanecer sale el sol, y con él se puede apreciar los majestuosos y bellos paisajes (altas cumbres y nevados que rodean los centros mineros, cielos infinitos y sus mil y un tradiciones de una cultura viva que se resiste al tiempo).

La filosofía de la responsabilidad social minera se ha convertido en estos últimos años -no por pose
o moda- en un instrumento estratégico que articula la capacidad instalada de la empresa, en términos económicos y productivos, al servicio del desarrollo sostenible de las regiones. Ese papel asumido voluntariamente constituye un paso trascendental hacia el desarrollo social y económico del país, el cual debería involucrar a otros actores sociales protagónicos -gobiernos central, regionales y locales, ministerios, ONG, Iglesia, medios de comunicación, universidades y organizaciones de la sociedad civil- en el fortalecimiento de una visión colectiva de desarrollo social y económico. Son necesarios socios estratégicos que posibiliten la elaboración de una agenda común de trabajo, que genere progreso y bienestar social, liderados por el Estado como un agente promotor y facilitador; en donde los ganadores sean el país y sus poblaciones más vulnerables.

Frente a este posible escenario de concertación y trabajo: ¿Existe un efectivo liderazgo encabezado
por el Estado? ¿Tiene éste la capacidad ejecutiva para generar procesos de desarrollo regional y nacional? Desafortunadamente la respuesta es ... No.

¿Es la empresa privada, en este caso la minería, la culpable de esta realidad triste y desalentadora
que atraviesan miles de compatriotas desempleados, mal nutridos, enfermos, sin oportunidades de una educación de calidad y con la desesperanza, como único refugio emocional presto a activar -en
ellos- mecanismos que desencadenen una explosión social de violencia y caos? La respuesta es también negativa.

Los hechos recientes en Cajamarca por el rechazo de la población a los proyectos exploratorios en el cerro Quilish -se teme que afecte y contaminen las reservas de agua- ponen en evidencia un problema de fondo: la ineficacia del gobierno y los políticos, quienes sólo piensan en sus intereses y aunque suene duro, con una consigna que no parece ser otra que: "Primero mi bolsillo, luego mi
país". Este contexto social y político pone en peligro el desarrollo social y económico del país y la viabilidad de futuros proyectos mineros que signifiquen crecimiento y progreso, como son los casos de Alto Chicama (La Libertad) y Las Bambas (Apurímac). Son S/.226 millones que el Estado recibe de la minería y que desperdicia al año. Un costo muy grande que muestra la pésima administración y gestión de los programas sociales a nivel nacional. Quienes elaboran las partidas del Presupuesto
General de la República, destinadas al gasto social, no han aprendido la lección dejada por los
gobiernos anteriores, ni por el actual en los periodos del 2003 ó 2002.

¿Adónde va ese dinero destinado a los más pobres del país? ¿A quiénes beneficia? La respuesta es
sencilla: a todos los burócratas asalariados, de Lima y provincias, quienes -en teoría- debieran trabajar por todos los peruanos. Contradictorio, sin lugar a dudas. Estos pasivos sociales, como la total o parcial desatención de las poblaciones en situación de pobreza y pobreza, influirán decisivamente -en un futuro cercano- en el crecimiento y desarrollo de las próximas operaciones mineras, así como la llegada de nueva inversión. Lo que generará un escenario social y político inestable creando una situación conflictiva que será aprovechada por algunas inescrupulosas ONG y activistas políticos -futuros congresistas, alcaldes y un interminable etcétera- con motivaciones claramente económicas. Sí pues, la pobreza y sus miserias es un gran negocio para muchos, y cuanto más se propaguen y prolonguen los conflictos entre la minería y las comunidades, más sustentable será el negocio.

Así, no es necesario hacer un gol y mostrar un polo estampado que nos grite "Te Amo Perú". Podemos hacer goles de distintas maneras. Todos los peruanos debemos sentirnos parte del equipo, trabajar en él y mirar objetivos comunes que nos lleven a alcanzar resultados que hagan realidad nuestros sueños: con uno mismo, la familia, la empresa y nuestro país. Cuando hay unidad, compromiso y confianza no existen adversarios ni adversidades difíciles de superar, pues, por más pintado que esté el rival -como Boca Juniors y Cienciano, campeón de la Recopa Sudamericana, por ejemplo- sólo necesitamos reglas justas y la firme voluntad de ganar.

El partido recién empieza, con sus carretillas, patadas y empujones. Así es el juego.