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COMPROMISO DE QUIENES SÍ
CREEN EN EL LIBRE COMERCIO
Empresas competitivas,
sin proteccionismos
ni asistencialismos
Diego Isasi
Jefe de Estudios Económicos
ComexPerú
Hace más de un año que la prensa peruana habla del TLC
con Estados Unidos, a pesar de que los vaivenes políticos le
han quitado algunos titulares y bastante protagonismo. El Congreso de
la República también comenta el tema, aunque todavía
de manera muy general y, por su parte, la ciudadanía reconoce
más o menos el fenómeno. Según las últimas
encuestas, el 70% de la población está a favor del tratado;
sin embargo, llama la atención que lo que más escuchamos
en
los medios de comunicación es: o al gobierno explicando la importancia
del proceso o a grupos preocupados en que lo que se negocie afecte negativamente
sus intereses.
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¿En dónde están las empresas exportadoras que
requieren de mercados amplios, los grandes y pequeños inversionistas
que necesitan un ambiente más estable, los consumidores que buscan
productos más baratos, y los desempleados y nuevos miembros de
la Población Económicamente Activa (PEA) que requieren
que el sistema productivo crezca para que pueda acogerlos y darles un
trabajo?
Probablemente esté sucediendo una de dos cosas: o no se ha comprendido
los diversos mecanismos a través de los cuales el TLC podrá
ayudarnos, o se considera que el proceso llegará a buen puerto
sin necesidad de mayor esfuerzo, lo que lamentablemente no es cierto.
El TLC con Estados Unidos ofrece enormes beneficios que podremos hacer
efectivos en tanto que los acuerdos tomados respondan a las necesidades
de la gran mayoría y no a los pedidos de los pequeños
grupos más bulliciosos.
El sector minero debe reconocer en el TLC una gran oportunidad. Y no
sólo por la consolidación de un acceso preferencial al
mercado estadounidense, sino principalmente por el afianzamiento de
las
reformas económicas iniciadas en los años noventa. Pero
para ello se requiere mucho más que silencio.
En un contexto en el que en los comunicados públicos prevalece
la voz de los que no están tan convencidos de la conveniencia
de este tratado, el pecado más grave es la omisión.
Aranceles: la primera reforma
El punto de partida en todo TLC es la desgravación arancelaria.
La diferencia con la desgravación arancelaria unilateral es que
nos da la oportunidad de pedir algo a cambio de tomar la decisión.
Sin embargo, esto no debe confundirnos y hacernos pensar que es el costo
para conseguir acceso al otro mercado. La desgravación de nuestros
aranceles es en sí misma un gran beneficio, en tanto reduce los
precios -de insumos y bienes de capital, por ejemplo- y promueve la
competencia en el país.
A pesar de esto, aún hay quienes intentan actualizar mitos como
la desindustrialización generada por la desgravación arancelaria
de los noventa. Basta revisar el crecimiento de más de 5% en
el sector manufacturero luego de dicha reducción arancelaria
para reconocer que esos argumentos han perdido vigencia para dejar paso
a las empresas competitivas.
Quién maneja los aranceles
En el 2006 se acaba la Ley de Promoción Comercial Andina y Erradicación
de la Droga (ATPDEA), y luego de lo difícil que fue conseguir
su ampliación no podemos confiarnos en una nueva prórroga.
Así, si no hubiera TLC, a partir del 2007, nuestros productos
ingresarían al mercado norteamericano con imposiciones arancelarias.
Sin embargo, para las empresas mineras éste no es un problema
que deba preocuparles, pues el Sistema General de Preferencias (SGP)
de Estados Unidos también ofrece los productos mineros sin arancel.Por
otro lado, aun si el cobre y el zinc tuviesen que pagar los aranceles
de 1% y 1.5% que establece Norteamérica fuera del SGP, esto no
afectaría la minería peruana, pues la demanda de estos
productos depende de las necesidades de producción y no del efecto
precio que pueda tener un arancel. En el peor de los casos podríamos
colocar los minerales en otro mercado.
Sin embargo, el acceso preferencial a Estados Unidos no es el único
aspecto arancelario que debe preocupar a las empresas mineras. Un beneficio
mucho mayor conseguirán gracias al acceso a insumos y bienes
de capital sin pagar aranceles. Recordemos que el 18% de los insumos
y el 27% de los bienes de capital que el Perú adquiere del exterior
provienen de Estados Unidos. Así, el primer punto en el que el
TLC nos permitirá el afianzamiento de las reformas emprendidas
en los años noventa es justamente el arancelario.
Como se sabe, la reducción general de aranceles que permitió
pasar de un promedio arancelario de 66% a finales de los ochenta a uno
de 13.5% a finales de los noventa, y de una desviación estándar
(indicador de la discrecionalidad en la política arancelaria)
de 25 a una de 3.7, sufrió un drástico cambio en el 2001.
Los aranceles dejaron de reducirse de manera general para pasar a la
"política arancelaria a pedido". A partir de entonces
las reducciones y alzas han afectado grupos reducidos de partidas y
muy probablemente también a un grupo pequeño de empresas.
Como veremos, entre éstas no están las mineras.
¿Por qué tan altos aranceles?
En el 2003 se importó aproximadamente US$237 millones en bienes
de capital para la minería, lo que significó un pago de
aranceles de US$19.6 millones. Resulta curioso que la minería
siga teniendo costos arancelarios tan elevados a pesar de las constantes
reducciones arancelarias a bienes de capital que se han efectuado últimamente.
La razón es muy sencilla. En marzo del 2002 el Ministerio de
Economía (MEF) realizó una reducción general de
los aranceles aplicables a los bienes de capital. Todas las partidas
que en el 2003 importó la minería desde Estados Unidos
pagando aranceles equivalentes al 12% gozaron de esta rebaja que disminuyó
el arancel a 7%.
Sin embargo, el beneficio duró sólo un mes. A mediados
de abril un nuevo decreto supremo del MEF dispuso que se le imponga
-supuestamente de manera temporal- una sobretasa de 5% a 312 partidas
de bienes de capital. A pesar de lo que indica el decreto, una medida
como ésta sin justificación técnica, como la que
debe hacerse cuando se aplica una salvaguardia, no es un procedimiento
avalado por la Organización Mundial de Comercio (OMC). En el
2003, la aplicación de esta decisión significó
más de US$6 millones de impuestos a la importación pagados
en exceso (200%).
Peor aún, según lo dispuesto en el decreto la medida debió
eliminarse el 31 de diciembre del 2003, pero lamentablemente en el Perú
no hay nada más permanente que lo temporal, y el último
día de vigencia del dispositivo se publicó en el Diario
El Peruano el decreto supremo 193-2003-EF que extendió la protección
de 5% adicional para los industriales hasta finales del 2004. A costa
claro de la minería y de otros sectores productivos.
Frente a este panorama no resulta extraño preguntarse si la política
arancelaria en el Perú la maneja los ministerios de economía
de los gobiernos de turno, o un grupo de industriales beneficiado con
las alzas y reducciones discrecionales. Si las empresas peruanas deben
pagar mayores impuestos para adquirir productos importados, lo mínimo
que pueden exigirle al gobierno es que informe qué empresas son
las que se están beneficiando a expensas de sus bolsillos, empezando
por la sobretasa de 5% a los bienes de capital.
Luego de analizar el manejo arancelario, se hace evidente los tratados
comerciales son la única manera de conseguir un trato arancelario
justo y equitativo. Sin embargo, esto dependerá en gran medida
de que las empresas mineras participen activamente en estos procesos
y eviten, por ejemplo, que sus bienes de capital sean colocados en las
canastas con mayores plazos de desgravación. Si se consiguiera
que se ofrezcan en desgravación inmediata, la minería
se beneficiaría en principio con un ahorro de más de US$17
millones, lo que podría crecer si con esto se estimulan las importaciones.
Por lo pronto, en la oferta inicial que ha hecho Perú a Estados
Unidos el 30% de los bienes de capital importados desde ese país
por la minería en el 2003 han sido colocados en las canastas
de cinco y diez años. Y, peor aún, 76 de las 98 que tienen
la sobretasa de 5% han sido ofrecidas en 10 años.
Cuidado con los demás capítulos
El tema arancelario es solo uno de los aspectos en el TLC con Estados
Unidos. Muchos de los demás capítulos involucrados han
determinado que la negociación interna para establecer las propuestas
que presentaría el Perú sea aún más difícil
que las negociaciones con las demás partes. La "sala adjunta"
ha sido testigo del deseo de algunos de evitar que el TLC funcione como
un ancla estabilizadora de nuestras normas sobre inversión. Así,
se ha propuesto dejar la puerta abierta a la implementación de
requisitos de desempeño para la inversión, lo que permitiría
que eventualmente el Estado niegue beneficios a las empresas que, por
ejemplo, no adquieran productos locales, incumplan metas de exportaciones
o de contratación de trabajadores, entre muchas otras posibilidades.
Otra de las propuestas controversiales ha sido la exclusión de
ESSALUD y el Ministerio de Salud del capítulo de compras estatales,
lo que significaría que estas entidades realizarían sus
adquisiciones utilizando criterios distintos a la búsqueda de
los precios más bajos y la mejor calidad, al mantener las normas
discriminatorias que rigen las compras del Estado actualmente. Para
defender esa posición se han utilizado argumentos tan inusitados
como el de que los consumidores no tienen nada que ver en las negociaciones.
Sin embargo, los principales perjudicados con esa propuesta son las
personas que no pueden pagar un seguro privado y se atienden en los
centros de salud de esas dos instituciones. No solo es inmoral perjudicar
a esta gente para beneficiar a algunas pocas empresas (en la licitación
de medicamentos del 2002 de ESSALUD los 20 puntos adicionales que se
le otorga a los productos locales solo benefició a 7 empresas),
sino además este tipo de propuestas se repiten en varios otros
sectores, lo que de aceptarse condenaría al Estado a ser ineficiente
en sus compras y, por tanto, se propiciaría que los gobiernos
de turno tengan que subir los impuestos o crear nuevos para poder compensar
ese mayor gasto derivado de sus compras ineficientes. Y como se ha visto,
últimamente la creatividad en este rubro suele dirigirse con
especial entusiasmo al sector minero.
En resumen, la presión para recurrir nuevamente a la fracasada
política económica de décadas anteriores es muyfuerte
como para ser ignorada. Es evidente que mantenerse ajeno al TLC con
Estados Unidos no mantendrá el Statu Quo y es necesario un mayor
compromiso por parte de aquellos que sí creen en el libre mercado,
en la eficiencia del Estado y, sobretodo, en que las empresas peruanas
pueden ser competitivas sin proteccionismos ni asistencialismos.
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