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PANORAMA
SECTOR ENERGETICO PERUANO
NECESITA SEÑALES POSITIVAS
PARA CRECER
Gonzalo Tamayo
Estudios Económicos Macroconsult S.A.
El abastecimiento de electricidad en el Perú atravesará
un importante cambio estructural a partir del 9 de agosto de este año,
cuando se inicien las operaciones comerciales de la central térmica
de Etevensa con la utilización del gas natural procedente de
Camisea. Situación que significará un aumento sustancial
en la oferta de este tipo de combustible para la generación eléctrica.
La entrada del gas natural se verá coyunturalmente favorecida
por la sequía -variable climática cuyos efectos se reflejarán
en los elevados costos marginales reportados por el COES- que actualmente
afecta al Perú, ya que al aumentar el despacho de energía
de las centrales térmicas, el nivel del consumo de gas será
mayor al inicialmente previsto.
De esa manera, una creciente participación de centrales térmicas
más eficientes podrá reducir el riesgo hidrológico
que existe en nuestro país para éste y el próximo
año. A la fecha, el volumen de agua acumulada en los principales
embalses y lagunas está en niveles preocupantes y su recuperación
dependerá del próximo ciclo hidrológico.
De
confirmarse la posibilidad de una sucesión de años hidrológicamente
más secos que los anteriores, es probable que se generen incentivos
para que se concrete un ingreso más rápido, al inicialmente
proyectado, de este tipo de centrales térmicas, en la medida
en que éstas podrán encontrar un mayor espacio en el despacho.
Proceso de recambio
Esto es particularmente importante si se evalúa la disponibilidad
de reservas del sistema eléctrico nacional, que a la fecha está
por encima del 40%, pero que requiere de un proceso paulatino de recambio
y reemplazo de unidades generadoras a diesel por centrales más
eficientes a base de gas natural.
Hay que tener en cuenta que en tanto se produzca un mayor ritmo de reemplazo
y más despacho a base de gas también se reducirá
el pago por concepto de garantía de red principal.
Lo cierto es que el marco regulatorio del sector eléctrico, establecido
hace casi ya 10 años, ha permitido un incremento significativo
en la inversión, el aumento de la cobertura eléctrica
y la existencia de una reserva que otorga seguridad de suministro aún
en esta situación de aguda sequía.
Sin embargo, a la fecha existen síntomas claros de algunas deficiencias
en el mismo. Entre estos elementos, que hay que tomar en cuenta, destacan
las dificultades de algunas distribuidoras eléctricas que no
han logrado suscribir contratos de abastecimiento de electricidad por
un mínimo de 24 meses, tal como lo establece la Ley de Concesiones
Eléctricas.
Incluso se ha reportado que se han realizado licitaciones sin la presentación
de postores interesados. Además, es probable que la entrada del
gas natural refuerce el espacio para comportamientos estratégicos
en la industria que se reflejarán en intentos de subdeclaraciones
de precios por parte de algunas centrales para desplazar a otras en
el orden de despacho con el objetivo de obtener mayores ingresos por
potencia. De esta manera, algunas centrales podrían estar tratando
de mantenerse por más tiempo en el mercado, pero incurriendo
en el riesgo de inhibir el ingreso de nuevas centrales más eficientes.
Mayor competencia
La distribución eléctrica también observará
cambios y un aumento en el nivel de competencia en la venta final al
mercado regulado debido al paulatino cambio de los usuarios en la satisfacción
de sus necesidades domésticas mediante artefactos a base de gas
natural.
Dicho efecto también se advertirá en el mercado de gas
licuado de petróleo, con lo cual los consumidores que estén
cercanos a las redes de distribución de gas natural serán
los primeros beneficiados con la existencia de mayores alternativas
en el mercado para definir su consumo energético. La decisión
por una u otra alternativa dependerá obviamente de las restricciones
y costos que genere el cambio a combustibles y artefactos alternativos,
su amortización en el tiempo y la reducción de su gasto
en energía.
En ese sentido, la futura evolución de la inversión privada
en el sector eléctrico va a depender fundamentalmente del crecimiento
de la demanda y del marco regulatorio aplicable. En el primer caso,
si bien el desarrollo de posibles proyectos mineros o el crecimiento
de la población implicarán el aumento de la demanda por
energía para los próximos años, se requiere de
un proceso de crecimiento económico sostenido; de modo tal que
sea posible la viabilidad económico financiera de nuevos proyectos
en este sector.
En el segundo caso, es indispensable que se enfatice la necesidad de
que se concrete modificaciones a la legislación vigente, las
cuales se deben realizar de manera paulatina.
En un mercado como el eléctrico, donde las inversiones son altamente
especificas, es crucial ser muy cuidadoso en el tipo de señales
que se dan a un sector que se caracteriza por inversiones de largo plazo.
Reglas claras y estables
para la inversión minera
Verónica Marsano Conroy
Minera Aurífera Retamas S.A.
Muchos se preguntan ¿por qué el sector minero requiere
de reglas estables? En realidad, son varias las razones, pero todas
están vinculadas a que es una inversión de alto riesgo,
pues de cada mil proyectos, se exploran 100 y sólo uno es viable.
La minería requiere de una fuerte inversión de capital
en la etapa de exploración, que puede durar entre tres y diez
años; así como para infraestructura, porque normalmente
sus operaciones se ubican en zonas alejadas del país.
El largo período de maduración del proyecto, el alto riesgo
por la naturaleza propia de cada yacimiento y los precios de venta que
son definidos por el mercado, y por tanto no pueden manejarse, son elementos
que también deben evaluarse al tomar decisiones. Sólo
en este año el sector minero ha enfrentado dos claros ejemplos
de la falta de estabilidad en las reglas de juego: la imposición
del Impuesto a las Transacciones Financieras (ITF) y la inminente aplicación
de las regalías.
Para una empresa de la mediana minería, con una facturación
(a precios actuales) que fluctúa entre los US$40 millones y US$70
millones, estos dos impuestos o contraprestaciones significan un sobrecosto
que bordea un millón de dólares anuales, de los cuales
US$200 mil corresponderían al ITF, y el resto a regalías.
Al inicio del año, estos dos sobrecostos no estuvieron previstos.
Por el desarrollo
La minería necesita reglas estables que permitan realizar flujos
de caja que se cumplan en el tiempo; que no surjan sobrecostos a medio
camino del proyecto, ya que lo único que genera es que los proyecto
viables pierdan su atractivo, principalmente, aquellos con menores márgenes
de ganancia.
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Estos cambios abruptos de reglas de juego traen consigo que el cierre
de las empresas se convierta en un riesgo cada vez más tangible,
ya que deben asumir la reducción de las utilidades y la consiguiente
disminución del presupuesto para exploraciones. Sin contar con
que los trabajadores verán restringidas sus participaciones en
las utilidades y verán disminuir las posibilidades de recibir
un incremento de sueldos.
Lo concreto es que las obligaciones económicas de las mineras
a favor de las regiones se han triplicado, ya que además del
canon, que pagan a través del Impuesto a la Renta, ahora tendrán
las regalías mineras y los compromisos en gastos sociales de
cada empresa ya asumidos con las comunidades. Todo esto generará
un fuerte impacto en las empresas cuyo capital sea 100% peruano, no
cuenten con contratos de estabilidad tributaria suscritos, tengan márgenes
operativos reducidos y al ser minería subterránea, altos
costos de operación. Ello sin poder dejar de honrar sus compromisos
con las comunidades (que no se deducen como gastos tributarios).
Reglas claras
Lo cierto es que son cuatro los temas pendientes de la agenda minera
que evidencian la falta de normas claras y que generan incertidumbre
para el sector.
El primero está referido a las concesiones mineras y su necesidad
de contar con el acceso al terreno superficial. A la fecha, existen
serios problemas para alcanzar un acuerdo entre el propietario y/o poseedor
del predio y la empresa minera. La razón es que falta la claridad
en la titulación de predios en zonas rurales que no permiten
definir el concepto de propiedad. Además, está el rechazo
hacia la minería y la negativa de los propietarios para firmar
acuerdos, básicamente por desconfianza.
Entre los elementos que juegan en contra de los acuerdos, en esta materia,
está la falta total de catastros de las zonas rurales, lo que
genera, en algunos casos, incertidumbre en la definición de los
linderos exactos o quiénes son los reales propietarios. La propiedad,
por lo general, no está debidamente inscrita en Registros Públicos,
entre otras carencias. Esto muestra que es necesario que se ponga en
aplicación una Ley de Servidumbre Minera más eficaz y
concordante con la realidad.
Otro tema son las penalidades mineras, las que aplican luego de seis
años de otorgado el título de concesión sin haberse
iniciado la producción. El empresario deberá pagar, a
partir del séptimo año, el equivalente al precio de US$
6 por hectárea/año de terreno. Como consecuencia de la
falta de claridad de las normas, no existe un consenso en su interpretación
para definir si este pago es o no deducible como gasto para efectos
tributarios. Así, hay ciertos especialistas que consideran este
pago como una contraprestación (en ese caso sí sería
deducible), pero hay quienes lo ven como una sanción administrativa
(en ese caso es deducible como gasto). La autoridad tributaria prefiere
mantenerse en silencio.
Un tercer problema es la minería informal, frente al cual el
Estado toma una actitud pasiva, sin contar con que no existe un procedimiento
ante la autoridad minera para solucionarlo. Además, si los agraviados
(mineros formales) optan por la vía judicial, deberán
afrontar un procedimiento muy largo, situación que permite a
los infractores continuar extrayendo el mineral mientras dure el proceso.
Una vez más se evidencia la falta de una regulación clara
que solucione el problema y que detenga las invasiones de los informales.
La informalidad se da principalmente en el sector aurífero. Estos
mineros explotan mediante métodos artesanales, incluso utilizando
cianuro de sodio, provocando contaminación ambiental. Si bien
en el aspecto ambiental el sector minero formal es el que está
más avanzado en lo que se refiere al control de los impactos
medio ambientales, paradójicamente es el más fiscalizado
y criticado. La falta de equidad en la severidad de las sanciones y
controles entre la minería formal y la informal que crea mayores
problemas para llevar adelante los proyectos mineros.
Lo cierto es que la minería requiere de normas reglas claras
y estables para seguir desarrollándose porque es una inversión
de alto riesgo. Elemento que debe evaluarse antes de tomar una decisión
que la afecte.
(*) Extracto de la ponencia que Verónica Marsano
presentó durante el Seminario Reglas Claras y Estables para la
Inversión en Minería realizado en junio. La Dra. Marsano
es la presidenta de la Comisión Organizadora del Congreso de
Mujeres Mineras que se realizará en agosto próximo en
nuestro país
¿Fondo de estabilización frente
a alzas del petróleo?
Aurelio Ochoa Alencastre
Director de Energie consult
Si bien resultó saludable establecer por 120 días
una franja de precios para los combustibles, a través del manejo
del Impuesto Selectivo al Consumo (ISC), para que el consumidor esté
protegido de eventuales alzas que superen los US$40 el barril; la norma
(D.U. N° 003-2004), al haber sido tardíamente sancionada,
en la práctica tiene sólo una aplicación cosmética.
La razón: El precio del petróleo está en franco
descenso respecto al límite preestablecido en el dispositivo.
Empero, los efectos negativos que ya impactaron a las actividades productivas,
como consecuencia de los altos precios de los combustibles y de una
extemporánea reacción gubernamental pueden hoy apreciarse;
no sólo a través del factor inflacionario, sino particularmente
en la aparición de indicios de desaceleración en algunos
sectores de la economía. Situación que indudablemente
ha provocado que nuestra competitividad, frente a países vecinos,
sufra una mella adicional a la que ya venía generándose
por factores políticos. Esto, explicaría el porqué
en los últimos años, no pocos inversionistas peruanos
(y extranjeros) vienen trasladando sus negocios y/o plantas industriales
a países vecinos, vislumbrando en esos nuevos destinos, la existencia
de una estabilidad garantizada, no sólo jurídica sino
también económica y que les dará éxito seguro
bajo el marco del ATPDEA en curso y/o el futuro Tratado de Libre Comercio
(TLC).
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Para pensar
Sin embargo, nos debe preocupar la ansiedad que muestra la caja fiscal
por captar mayores recursos, con las correspondientes consecuencias
negativas al aparato productivo y a la economía en general. Así,
el año pasado coincidiendo con la invasión a Irak, ocurrió
una situación similar con los combustibles, al emitirse un decreto
de urgencia, de 180 días de vigencia, en el que se estableció
una franja de precios que se iba a aplicar siempre que el valor del
petróleo superara los US$40 barril. No obstante, para financiar
el eventual "forado" fiscal que podría producirse,
previamente se subió bruscamente el precio de los combustibles
en un 15% en promedio. Producida la invasión, el petróleo,
lejos de subir, cayó a niveles por debajo de los US$30, empero
en el mercado local el precio quedó congelado durante ese período,
generando enormes ingresos tributarios no programados, a través
del Impuesto al Rodaje (8%) y el Impuesto General a las Ventas (19%).
En lo que se refiere al ISC, según cifras de la Superintendencia
Nacional de Administración Tributaria (Sunat), en el 2001 se
consumieron 140 mil barriles de combustibles que permitieron una recaudación
de S/.2,321 millones; en el 2002 fueron 139 mil barriles y una recaudación
de S/.3,003 millones. Estas cifras muestran un salto de casi 30% en
la recaudación, de un año a otro, sólo por ISC.
Este incremento se produjo a pesar del menor consumo y que el monto
del impuesto es fijo y no porcentual.
Cabe señalar que en el 2003, el consumo cayó a 135,000
barriles, pero la recaudación por ISC continuó subiendo
hasta los S/.3,266 millones. Es decir, a pesar de que el consumo de
combustibles en el país ha venido descendiendo recurrentemente,
la recaudación fiscal por este concepto, curiosamente, ha ido
ascendiendo a niveles cada vez más peligrosos para la economía.
Situación que debe y tiene que detenerse, si no queremos mayores
debacles en el aparato productivo nacional y una carencia de competitividad
en el futuro TLC.
Cuestión de costos
Lo cierto es que estos constantes vaivenes son parte de uno de los principales
componentes de la estructura de costos en cualquier actividad económica
como puede ser el precio de los combustibles. Esta situación
no permite un adecuado planeamiento estratégico en las empresas,
lo que nos obliga a traer a colación lo ofrecido recientemente
por el Ministerio de Energía y Minas (en coordinación
con Economía y Finanzas) respecto a la implementación
de un mecanismo que permita neutralizar o amortiguar -por un período
mayor a los señalados en los decretos de urgencia precedentemente
comentados- los efectos de eventuales alzas en los precios del petróleo
en un futuro cercano.
Cualquiera sea la denominación y/o modalidad que decida implementar
la actual administración, ésta deberá materializarse
prontamente. Las decisiones tienen que ser oportunas. Los incendios
deben prevenirse, para no llegar a apagarlos tardíamente, cuando
estos ya se extinguieron.
El mejor momento para la formación de este "fondo de contingencia
o estabilización" es cuando los precios del petróleo
están en descenso o estabilizados. En ese sentido, resultaría
justo que el fisco lo implemente, extornando hacia una cuenta intangible
lo recaudado en exceso. La base de referencia de estos excedentes la
constituirían los parámetros preestablecidos en la Ley
de Presupuesto General de la República vigente.
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