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PROMOCIÓN DE
LA INVERSIÓN EN EL PERÚ:
DIAGNÓSTICO Y PROPUESTAS
Instituto Peruano de Economía
(IPE)
Un elemento que atenta contra la competitividad de nuestro país
es el constante cambio en las reglas de juego y la calidad de las instituciones
que rigen el día a día. Sólo por poner un ejemplo,
la administración de la justicia en el Perú es calificada
como una de las más deficientes del mundo. Nuestro Poder Judicial
se ubica en el puesto 92 de un total de 102 países en un ranking
de independencia. Frente a esta realidad, el Tratado de Libre Comercio
(TLC) con Estados Unidos, que el gobierno viene negociando, ayudará
sustantivamente a mejorar esta situación, ya que permitirá
el acceso de los peruanos a diversos tribunales supranacionales para
que puedan defender sus derechos, no sólo constitucionales sino
también comerciales. Incluso las querellas judiciales que el
Estado Peruano mantiene con varias empresas norteamericanas se podrían
resolver en aquellas instancias.
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De acuerdo con el Índice de Desempeño de la IED (Inversión
Directa Extranjera), de la Conferencia de las Naciones Unidas para el
Comercio y el Desarrollo (UNCTAD), en 1996, el Perú estaba ubicado
en el ranking en el puesto 15 de 140 países. Pero la situación
cambió cuando el flujo de IED empezó a caer y el deterioro
se agravó al punto que en el 2001 el Perú se ubicó
en el puesto 78.
La situación es más preocupante aún si se hace
mención al ranking del Foro Económico Mundial, que en
1998 colocó a nuestro país en el puesto 47 en lo que se
refiere a la competitividad empresarial y el año pasado se ubicó
en el puesto 70. Hay que considerar que esta caída se dio sin
contar las recientes medidas legislativas adoptadas y en proceso de
ser aprobadas por el Congreso de la República (regalías,
la no privatización de Mantaro y Petroperú por citar decisiones
ya tomadas) cuyas consecuencias negativas se traducen en la incertidumbre
que inhibe a los inversionistas de apostar por el Perú.
Reglas tributarias
Así las cosas, un tema que afecta sensiblemente la visión
del Perú entre los inversionistas es el constante cambio en las
normas tributarias. Modificar el esquema de cuatro a cinco impuestos
(con la inclusión del Impuesto a las Transacciones Financieras)
definitivamente influye, pero a esto se debe sumar que la legislación
tributaria sobre la renta viene sufriendo cambios sustanciales anualmente
y esto, definitivamente, no es bueno para el país, ya que se
envía una señal de inestabilidad.
Por ejemplo, en el 2001, la tasa del Impuesto a la Renta que debía
pagar una empresa que no reinvertía alcanzaba el 30%, mientras
que las que lo hacían sólo pagaban 20%. Hoy esas mismas
empresas que deciden reinvertir deberán asumir una tasa de 30%,
mientras que las que no lo hagan deberán pagar 34%. Semejantes
cambios en apenas tres años generan una alta incertidumbre.
Esto ocasiona cambios dramáticos en los planes de reinversión
pre establecidos de las compañías. Las diferencias en
el valor presente de los flujos de los retornos de las inversiones con
las normas tributarias con y sin cambios ocasionan enormes pérdidas
a las empresas. Bajo estas condiciones, obviamente, es difícil
tomar la decisión de seguir apostando económicamente por
las inversiones en el Perú.
Infraestructura
Otro factor que afecta los costos de los empresarios y la competitividad
es la falta de inversión en la infraestructura de servicios públicos.
De acuerdo con estimaciones al año 2001, la brecha de inversión
del país es de US$18,162 millones, de los cuales US$12,957 millones
son necesarios en provincias y US$5,205 millones en Lima.
Los puertos bajo la administración de ENAPU aún no obtienen
la certificación internacional requerida para que puedan despachar
nuestras exportaciones, principalmente a los Estados Unidos y el plazo
vence en julio. Sólo Matarani, entregado en concesión
al sector privado, cuenta con el visto bueno. El Callao, el más
importante puerto peruano, aún no está listo. Sobre los
otros puertos, sólo se puede decir que se necesitan US$159 millones
para estar a la altura del promedio de puertos de la región.
Frente a estas carencias, resulta paradójico que el Estado tenga
activos valorizados en alrededor de US$3,600 millones, entre los que
estaría Sedapal, los puertos, aeropuertos regionales, PetroPerú,
ElectroPerú, entre otros, los que en conjunto representarían
compromisos de inversión de hasta US$7,600 millones, recursos
que podrían ser utilizados para mejorar las condiciones de la
infraestructura del país, entre otras necesidades.
Ahora si se optara por la privatización o concesión, según
sea el caso, eso significaría cubrir la brecha de infraestructura
en salud que actualmente tiene el Perú.
Propuesta para el debate
Si el objetivo es promocionar la inversión en nuestro país,
el IPE considera que el primer paso es tomar medidas concretas para
que la actividad empresarial del Estado deje de desalentar la inversión
privada. Para ello, se debe tomar conciencia de la necesidad de privatizar
los activos públicos y dar en concesión la infraestructura
básica que está en manos del Estado.
Además es esencial efectuar algunas modificaciones en la regulación.
Entre ellas está el otorgamiento de autonomía constitucional
al Indecopi y fusionar algunos de los reguladores. En esto último,
lo ideal sería que los temas financiero y de mercados de capitales
sean vistos por una sola institución. Igualmente los servicios
básicos podrían ser vistos por un solo regulador y los
temas de competencia exclusivamente por Indecopi, para evitar incongruencias.
También, es indispensable que se establezca como una práctica
permanente la realización de auditorías financieras y
de gestión a las empresas y proyectos públicos, como una
forma de mostrar la mayor transparencia posible en el actuar estatal.
Por consiguiente, resulta fundamental que el Estado se dedique a la
desregularización y simplificación administrativa, y establezca
una ventanilla única para la solicitud de permisos y la presentación
de la documentación que la ley exige a quienes desean trabajar
en la formalidad. Actualmente, los innumerables trámites con
plazos que en la práctica son casi indeterminados, en las distintas
instancias del gobierno desalientan a los inversionistas que muchas
veces se ven envueltos en una maraña burocrática sin salida.
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