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Semblanza
Alberto Bruce:
Trabajó incansablemente por el Perú
Un hombre de pocas palabras, directo y transparente
es como lo recuerdan quienes lo conocieron. Alberto Bruce, ingeniero
petrolero de profesión, dedicó su vida a promocionar las
inversiones en el Perú. A pesar de que ya no está con
nosotros, se le recuerda como uno de los más fervientes propulsores
de la explotación del gas de Camisea, que hoy, a casi 20 años
de descubierta, es una realidad.
Don
Alberto era un hombre con un sentido del humor muy especial, herencia
certera de la sangre inglesa que corría por sus venas. Por ello,
era frecuente escucharlo contar chistes, pero no era habitual encontrar
quienes entendieran su "fino humor". Así, cuando esto
sucedía, lo normal era que él estuviera más que
risueño, mientras que sus interlocutores trataban de encontrar
la gracia. Cosa que por cierto, no lo detenía para contar el
siguiente chiste.
Si bien fue un hombre dedicado a su trabajo, su familia tuvo un lugar
muy importante en su vida; estaba seguro de que ellos estarían
siempre apoyándolo. A pesar de sus numerosas obligaciones, estuvo
muy pendiente de sus hijos, para ellos era normal escuchar: "Haz
tus tareas, no pierdas el tiempo; haz ejercicio, abrígate, come,
no tosas". A pesar de que fue muy disciplinado con ellos, cuando
llegó el momento de elegir profesión no les puso reparos;
quizás algunos resquemores iniciales cuando Bárbara, su
hija mayor, optó por estudiar geología, pero nada de qué
preocuparse, pues pronto se acomodó a la decisión. Sus
otros cuatro hijos optaron por carreras ajenas a la suya. Así,
la segunda de sus hijas se inclinó por las leyes, la tercera
es hoy una diseñadora de publicidad, la cuarta una profesora
infantil y el quinto, su único hijo varón, acaba de graduarse
en artes plásticas en EEUU. Lo cierto es que los dejó
ser lo que quisieran, pero desde el inicio aclaró que al margen
de la elección que tomaran tenían que apuntar a ser los
mejores. Directo como siempre, advirtió que él no estaba
para aceptar mediocridades, ya que la vida le había enseñado
que "no había gente mediocre, sino que no ponían
interés en lo que hacían".
Con sus nietos fue un hombre distinto. La disciplina y rigidez que impuso
en la educación de sus hijos fueron guardadas bajo siete llaves
en el rincón más alejado de su hogar. La transformación
se dio ni bien nació el primero. Los coscorrones, tan comunes
para sus hijos, a la hora de estudiar -matemáticas, principalmente-
fueron sustituidos por figuras y dibujitos, así como por una
paciencia que hasta el propio Job hubiera envidiado. Siempre se dio
tiempo para "chochear" con sus nietos, a quienes disfrutó
a plenitud.
Ahora, si el objetivo era relajarse, la carpintería era su primera
opción, aunque no todos estuvieran muy conformes. Y es que los
fines de semana, religiosamente, se levantaba a las 5 de la mañana
para ir directamente a su taller. A esa hora, era normal -no sólo
para su familia sino principalmente para sus vecinos- despertar gracias
al ruido de un serrucho, un martillo o incluso una sierra eléctrica
que retumbaba en sus oídos. "Si no hubiera sido ingeniero,
la carpintería habría sido su opción", aseguran
quienes más lo conocían.
Otra afición que nunca dejó fue el tenis, a pesar de que
desde joven fue de contextura gruesa. Por ello, cuando tenía
tiempo no despreciaba una buena partida. El básquet también
le llamó la atención, pero su estatura no lo ayudaba mucho.
En cuanto a las mascotas, éstas nunca le quitaron el sueño,
sólo aceptó la presencia canina, en su casa, a pedido
expreso de sus hijas y luego de muchas súplicas y promesas.
Ahora, si de bailar se trataba, la vergüenza nunca fue un obstáculo,
siempre fue el primero en lanzarse a la pista. No le hacia mala cara
a ningún ritmo, aun cuando su oído musical no era muy
agudo, pues como buen matemático casi había patentado
los mismos pasos de baile para toda ocasión.
Eso sí, como buen peruano, la comida fue su debilidad. Un buen
tacu tacu montado era el paraíso. Y si iba acompañado
de un peruanísimo Pisco Sour, mucho mejor. Tema aparte fueron
los dulces, a los que nunca pudo resistirse. Siempre fue de buen diente,
por eso en su casa, quienes tuvieron el oído agudo y poco sueño,
podían escuchar el tambor de las ollas cuando, pasada la medianoche,
don Alberto realizaba una excursión a la cocina a prepararse
"un bocadillo".
Aun cuando gustaba de las reuniones, prefería no desvelarse.
Siempre fue una persona muy metódica. Así como se levantaba
con el alba, también era usual (si no tenía una reunión)
verlo en pijama a partir de las 7 de la noche. Sus amigos más
cercanos lo llamaban "gringo" y es que su herencia inglesa
predominó e hizo de él un anglosajón de ojos azules,
pero con costumbres bien peruanas. En su casa, sobre todo de joven,
le decían "Pato" por la forma como caminaba, pero su
madre fue quien le rebautizó (para los más cercanos) como
"Pelanche", vocablo norteño que hacía alusión
a su no tan sedosa cabellera.
Cuando de trabajo se trataba, las directivas siempre eran claras y precisas.
Si las cosas no marchaban bien, él no tenía problema alguno
de llamar las cosas por su nombre. Decía las cosas de frente
y sin anestesia. Quienes estuvieron a su lado lo recuerdan como un hombre
sentado en un escritorio con un papel cuadriculado y un lápiz
"haciendo números". Le encantaba hacer fórmulas,
todas muy sencillas, ya que para él había sólo
cuatro signos: suma, resta, multiplicación y división.
Si con estos elementos no podía encontrar una solución,
entonces, o no existía el problema o alguien no lo había
planteado bien.
Y es que don Alberto aseguraba que eso de buscar complejidades en los
problemas no iba con él, porque eso, concluía, "era
darle excusas a terceros para no hacer bien las cosas". Por eso,
para él sólo existían dos alternativas si alguien
no terminaba su trabajo en sus horas de oficina: "O te estoy dando
demasiado trabajo, o tú no estás preparado para él",
les decía.
Así como era exigente también era humano, siempre que
tenía la oportunidad de apoyar a alguien no lo dudaba. Era de
los que creía que los jóvenes debían seguir desarrollándose
para el futuro. Por ello, su relación con sus trabajadores fue
totalmente horizontal. La puerta de su oficina siempre estuvo abierta
para quien lo buscara.
Como profesional apostó por la inversión privada y por
ello trabajó incansablemente para que llegara al Perú.
Tanto es así que cuando se descubrió el gas en Camisea,
fue uno de sus más fervientes defensores. Hoy cuando es prácticamente
una realidad, don Alberto es considerado como el "arquitecto de
Camisea". Este fue su gran sueño.
Inició su carrera en la International Petroleum Company, empresa
norteamericana que operaba en Talara. Al ser ésta estatizada
y convertida en Petroperú, don Alberto decidió colaborar
en el proceso de estabilización de la nueva empresa estatal,
ya que lo más importante era mantener la operación misma.
Cuando la compañía empezó a ser ganada por la burocracia
estatal, se retiró. Eso no iba con él, que estaba acostumbrado
a las decisiones rápidas y sin consultas políticas. En
los años siguientes, la falta de flexibilización para
la inversión fue la regla, y él optó por irse al
extranjero. Regresó en 1992, cuando se inició la apertura
a la inversión privada, y asumió la administración
de Petromar, empresa estatal que luego fue entregada al sector privado.
Se encargó de adecuarla para que el cambio no perturbara la operación
en sí. Luego asumió el reto de organizar Perupetro, empresa
estatal creada para atraer inversiones privadas. Fue un puesto que le
encajó bien. Se sintió cómodo y contento. Así,
cuando las empresas no eran muy claras en sus ofertas y presentaciones,
las llamaba y les decía: "¿Cómo es? El Perú
no puede esperar a que tú pienses o juegues. Las cosas tienen
que ser transparentes y directas".
Hace siete años su partida nos sorprendió. Don Alberto
siempre apostó por el Perú, y una prueba de que no se
equivocó es Camisea. A pesar de ser un hombre dedicado a su país
con dedicación exclusiva, no se creyó indispensable. Por
ello es que nunca se cansó de repetir: "Todos somos necesarios;
nadie es irremplazable", frase que marcó el norte de su
vida y en la que muchos deberían reflexionar hoy.(PQ)
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